Islas que desaparecen y vuelven a aparecer: fenómenos naturales de mareas y erosión

Islas que desaparecen y vuelven a aparecer: fenómenos naturales de mareas y erosión

¿Cómo es posible que una isla que ayer estaba en el mapa hoy no esté, y que dentro de unas semanas vuelva a verse? Si has oído hablar de bancos de arena que emergen con la bajamar, cayos que cambian de lugar o pequeños islotes volcánicos que nacen y se desvanecen, este artículo es para ti. A continuación te explicamos por qué algunas islas desaparecen y reaparecen por efecto de las mareas, la erosión, los sedimentos y la actividad geológica, y repasamos casos reales fascinantes para entender estos procesos con ojos de geógrafo y de naturalista.

¿Qué significa que una isla “desaparezca” en geografía costera?

En ciencia, “desaparecer” no siempre implica que la tierra firme se esfume. Puede referirse a que una porción de terreno:

  • Queda sumergida temporalmente por la marea o por un aumento puntual del nivel del mar durante una tormenta.
  • Se erosiona hasta bajar de la cota de pleamar, con lo que deja de ser visible como isla emergida y pasa a ser un bajo o arrecife somero.
  • Migra unos metros o cientos de metros por la acción de las olas y las corrientes, reapareciendo cerca pero con otra forma.
  • Nace y muere por causas volcánicas o tectónicas, como ocurre con los conos surtseyanos o islotes de lodo.

En todos los casos hablamos de sistemas dinámicos donde la línea de costa no es fija, sino el resultado de un equilibrio cambiante entre energía del oleaje, mareas, vientos, corrientes y disponibilidad de sedimentos.

Mareas que hacen y deshacen islas

En litorales con régimen macromareal (donde el rango entre bajamar y pleamar supera los 4 metros), los paisajes intermareales se transforman cada pocas horas. Allí, bancos de arena y barras que a pleamar quedan bajo el agua se convierten en “islas” efímeras cuando la marea se retira.

Mareas vivas, mareas muertas y ciclos

El ciclo lunar genera mareas vivas (luna nueva y luna llena), con rangos más altos, y mareas muertas (cuartos crecientes y menguantes), con rangos menores. Esto provoca que ciertos bancos emergan solo en algunas bajamares especialmente bajas, mientras que en otras no asoman en absoluto.

Islas intermareales y bancos de arena

En lugares como el mar de Frisia (Wadden Sea), las planicies fangosas y los bancos arenosos afloran y se ocultan a diario. Muchas de estas formas no están fijadas por vegetación y cambian de tamaño y posición con gran rapidez, de manera que en mapas detallados pueden aparecer un año y no al siguiente. Aunque no son islas permanentes, sí se comportan como tales durante las horas de bajamar, llegando a aislarse por canales de marea con corriente intensa.

Riesgos y seguridad

El aspecto más importante es que estas “islas de marea” son trampas temporales: la pleamar puede cubrirlas en minutos. Quienes las visitan deben consultar tablas de mareas, observar los vientos dominantes y tener siempre rutas de evacuación ante el rápido ascenso del agua.

Erosión, sedimentos y el vaivén de las islas barrera

Las islas barrera y las flechas litorales son cordones de arena paralelos a la costa que se forman por transporte litoral (deriva de sedimentos impulsada por olas y corrientes). Estas islas no son bloques estáticos: migran, se estrechan, se ensanchan y hasta se interrumpen abriendo bocanas que, en ocasiones, aíslan un tramo y lo convierten en una nueva isla.

Cómo funciona el “balance sedimentario”

Si un tramo de costa recibe más arena de la que pierde, la isla crece y emerge; si pierde más, se adelgaza y puede quedar sobrepasada por oleaje de tormenta o erosionada hasta desaparecer a cota de pleamar. Las células litorales distribuyen esa arena en función del ángulo de llegada del oleaje, el régimen de tormentas y la morfología submarina.

Estacionalidad y tormentas

En muchas costas templadas, el oleaje invernal (más energético) arrastra sedimentos mar adentro, mientras que en verano las olas más suaves los devuelven a la playa y a los bancos someros. Este pulso puede hacer que un bajo arenoso sea visible como islote en la estación seca y “desaparezca” en la húmeda o tras una sucesión de temporales.

Islas que nacen del fuego y se desvanecen

La actividad volcánica también crea islas efímeras, sobre todo en erupciones surtseyanas, cuando magma interactúa con agua poco profunda formando conos de tefra muy inestables.

  • Home Reef (Tonga): este volcán submarino ha generado varios islotes temporales. En 2022, una erupción formó una nueva isla que creció rápidamente en semanas y después comenzó a erosionarse por el oleaje, reduciéndose de tamaño en pocos meses.
  • Hunga Tonga-Hunga Ha’apai: la erupción de 2015 creó una isla que conectó dos islas preexistentes, persistiendo varios años y permitiendo estudiar cómo la lluvia y el oleaje consolidan materiales volcánicos. En 2022, una erupción explosiva de gran magnitud desmanteló la mayor parte del terreno emergido.
  • Ferdinandea/Graham Island (Sicilia): emergió en 1831 hasta elevarse unos metros sobre el nivel del mar, fue objeto de disputas de soberanía y, tras meses de oleaje, volvió a sumergirse. Hoy el pico del cono permanece como un bajo a escasos metros de profundidad, peligroso para la navegación.
  • Zalzala Koh (Pakistán): apareció frente a Gwadar en 2013 tras un terremoto, por expulsión de gases y lodos (isla de lodo). La erosión marina y la desgasificación la deshicieron en pocos años.

En estos casos, la “vida” de la isla depende de si los materiales volcánicos se consolidan (cenizas y lapilli pueden cementarse) y de la energía del oleaje que los ataca. Sin consolidación y sin un aporte sostenido de material, la desaparición es cuestión de meses o pocos años.

Ríos que dibujan y borran islas

En deltas de gran carga sedimentaria, como el del Ganges-Brahmaputra-Meghna, emergen chars o islas fluviales que aparecen, crecen y se erosionan con las crecidas monzónicas. Los cambios en el trazado de los canales redistribuyen arenas y limos, por lo que las islas pueden mudarse o fragmentarse.

Un caso célebre es el de la isla conocida como South Talpatti/New Moore, que emergió en la década de 1970 en una zona fronteriza entre India y Bangladés tras un gran ciclón. Décadas después, los estudios indicaron que el islote había desaparecido bajo el nivel del mar por erosión y subida del nivel medio, subrayando lo efímera que puede ser la tierra en estos ambientes.

Casos famosos de “islas que van y vienen”

  • Shelly Island (Carolina del Norte, EE. UU.): en 2017 apareció junto al cabo Hatteras un gran banco de arena que alcanzó más de un kilómetro de longitud. Al año siguiente, tras temporales y cambios en las corrientes, se fusionó con la playa y gran parte se redistribuyó, dejando de existir como isla separada.
  • Cayos y bancos monzónicos (Maldivas y atolones del Índico): pequeños sand cays sin vegetación emergen tras marejadas y pueden desaparecer con el siguiente cambio estacional. Estos cayos muestran migraciones de metros a decenas de metros por año.
  • Bancos del mar de Frisia (Países Bajos, Alemania, Dinamarca): numerosos Hochsände e islotes arenosos afloran con bajamar y cambian de forma a lo largo de meses o años. Algunas antiguas islas han desaparecido por completo, mientras se forman otras nuevas en zonas adyacentes.

No confundir: islas fantasma y errores cartográficos

A veces se habla de islas “desaparecidas” que en realidad nunca existieron o quedaron mal ubicadas en mapas históricos. El caso de Sandy Island en el mar del Coral —que figuró en algunos mapas hasta que observaciones modernas mostraron que era un error— recuerda la importancia de verificar con batimetría y satélite antes de asumir que una isla va y viene.

La ciencia detrás: umbrales y feedbacks

Para que un banco pase a ser isla emergida deben darse varias condiciones:

  • Energía de oleaje y corrientes lo bastante baja (o intermitente) para permitir la acreción de sedimentos.
  • Disponibilidad de arena con tamaño de grano y forma adecuados para resistir cierto oleaje sin dispersarse rápidamente.
  • Topografía submarina que concentre la deposición (p. ej., deltas de marea, extremos de flechas litorales, puntos de rompiente oblicua).
  • Vegetación pionera (cuando hay tiempo suficiente) que estabilice dunas incipientes con raíces.

Estos factores interactúan con ciclos diarios (mareas), estacionales (tormentas) y multianuales (patrones climáticos como ENSO) y con tendencias de fondo como la subida del nivel del mar. Pequeños cambios pueden empujar al sistema a un lado u otro del umbral entre “bajo” e “isla”.

Cómo se estudian y predicen estos cambios

Los científicos combinan observación remota, mediciones in situ y modelos numéricos:

  • Satélites ópticos y radar (Landsat, Sentinel) para mapear áreas emergidas y humedales con alta periodicidad.
  • LIDAR y fotogrametría de dron para cartografiar dunas, barras y perfiles de playa con precisión centimétrica.
  • Batimetría multihaz para detectar bajos y cambios del fondo marino donde se originan o mueren las islas.
  • Modelos morfodinámicos (como XBeach o Delft3D) que simulan cómo el oleaje y las corrientes redistribuyen sedimentos bajo diferentes escenarios de tormenta y marea.

Estas herramientas ayudan a anticipar cuándo y dónde podría emerger un banco, cuánto tiempo podría permanecer como isla y qué eventos (una marejada, un ciclón, una erupción) podrían revertir el proceso.

Impactos ecológicos y humanos

La aparición y desaparición de islas tiene efectos múltiples:

  • Hábitats: los islotes arenosos son clave para aves marinas, tortugas y vegetación pionera. Su pérdida o desplazamiento puede afectar ciclos de nidificación.
  • Navegación: nuevos bajos e islas cambian las rutas seguras. Cartas náuticas y balizamiento deben actualizarse con rapidez.
  • Propiedad y fronteras: en zonas transfronterizas, la naturaleza efímera de estas islas complica reclamaciones territoriales. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ciertas formaciones que no pueden sostener vida humana ni actividad económica no generan zona económica exclusiva, lo que matiza su valor jurídico.
  • Protección costera: las islas barrera atenúan el oleaje. Su desaparición puede aumentar la exposición de la costa a las tormentas; su reaparición puede devolver parte de esa protección.

Consejos para observar estas islas con seguridad

  • Consulta tablas de mareas y pronósticos de oleaje; presta atención a mareas vivas y a las “mareas de sicigia”.
  • Evita quedar aislado: calcula la hora de retorno con margen; lleva medios de señalización y GPS si caminas por planicies intermareales.
  • Respeta los hábitats: no pises nidos de aves ni compactes dunas embrionarias; mantén distancia de tortugas y aves en época de cría.
  • Infórmate localmente: autoridades costeras, guardacostas y centros de visitantes suelen conocer la dinámica reciente de bancos y barras.
  • Si vuelas drones, cumple normativa y evita molestar fauna; las dunas jóvenes son extremadamente frágiles.

Preguntas frecuentes

¿Las mareas pueden “crear” una isla desde cero?

Las mareas por sí solas no crean material, pero redistribuyen sedimentos. Cuando la hidrodinámica favorece la deposición sobre una elevación somera, puede nacer un islote que emerja en bajamar y, con el tiempo, también en pleamar si la acreción supera el nivel medio del mar.

¿Cuánto puede durar una isla efímera?

Desde unas horas (bancos que solo emergen en bajamares vivas) hasta años o décadas (islotes volcánicos que se consolidan o cayos que se estabilizan con vegetación). Sin consolidación, el oleaje suele desmantelar la estructura en meses o pocas temporadas de tormentas.

¿El cambio climático influye?

Sí. La subida del nivel del mar eleva el umbral que deben superar las barras para emerger, y cambios en el régimen de tormentas y oleaje pueden aumentar la erosión. No obstante, en algunos entornos con abundante sedimento, la acreción puede compensar temporalmente esa subida.

Carla
Carla

Autor/-a de este contenido

Este sitio usa cookies para mejorar tu experiencia y analizar el tráfico. Puedes gestionarlas en cualquier momento.